Un depa para toda la vida

Cuando María Grazia Tejerina decidió que era buen momento para invertir en una propiedad aún no se había casado con su hoy esposo Rodrigo Langberg, pero ya habían hablado del tema. Ella vivía con su mamá en San Isidro, y quería mantenerse cerca. Necesitaba permanecer en una zona céntrica y bien conectada, pues su oficina está en el Callao y no quería perder tiempo en hacer recorridos largos para ir de su casa al trabajo y viceversa.

Buscar un depa ideal es diferente para cada persona, hay un tema de practicidad y otro de intuición. María Grazia se tomó un tiempo: visitó el Armando Paredes de Vanderghen y también el de San Fernando en Miraflores; en San Isidro, quiso averiguar sobre el Armando de Basadre y el proyecto de Los Nogales, que estaba en planos. Pasó un tiempo hasta que se decidió por este último.

Además de la ubicación, las características del espacio fueron un factor determinante para la elección del depa. María Grazia y Rodrigo querían uno para quedarse por un buen tiempo, por eso era importante que tuviera tres habitaciones, proyectándose en hijos; querían un área social amplia y cómoda para poder recibir a sus familias, extensas ambas. Les pareció genial que el diseño del proyecto incluya una zona de parrilla para poner un kamado, que apasiona a Rodrigo.

Como buena directora de compras, María Grazia se encargó de las negociaciones: cuando culminaron, ella sintió que se cumplía un sueño. “Todo lo que pasó durante el proceso de búsqueda y de compra fue una señal. Nos hizo ver que este lugar era para nosotros”, piensa ahora.

A la pareja, como a muchos durante la pandemia, también les tocó fluir con los cambios. Sus planes de matrimonio para octubre del 2021 se retrasaron hasta abril de 2022. La superfiesta que inicialmente iban a tener y la luna de miel a un destino especial fueron reemplazadas por la implementación completa del departamento. Cuando se mudaron, el sitio estaba listo.

La decoración estuvo a cargo de la hermana de Rodrigo, Luciana Langberg, quien es arquitecta de interiores, así que el proceso fue muy íntimo. Cada mueble que ocupa la sala y el comedor fue diseñado en conjunto y mandado a hacer a medida para acoger a su numerosa familia: sillones y banquetas amplias y cómodas, mesa de comedor extensa y con varias sillas para que todos estén a gusto.

María Grazia y Rodrigo disfrutaron mucho el depa para ellos solos. Ella recuerda especialmente los almuerzos juntos y, por las tardes, ver el sol entrar a través de la celosía que caracteriza la fachada del edificio. Entonces llegó Genaro, su bebé que hoy tiene cuatro meses. 

Como suele suceder cuando se tiene hijos, la dinámica cambió bastante. La zona social dejó de ser el lugar de encuentro. Ahora ocupan más la salita de estar que da hacia la habitación principal y a los otros dos dormitorios. Uno es de Genaro –aunque todavía no duerme ahí– y otro es home office y cuarto de visitas. Mientras el bebé descansa, María Grazia y Rodrigo se sientan a ver tele para relajarse mientras comparten un vino.

También disfrutan el barrio. En ese sentido, el ojo de María Grazia no falló. Es una zona tranquila de San Isidro, bastante tradicional y bien ubicada, por la que se pueden desplazar con facilidad. Además, tienen varias cosas cerca como restaurantes, bares, supermercados y un club. Hay otra cosa encantadora del distrito: sus parques con árboles adultos, inmensos, que te transportan a algún cuento para niños. Es el escenario perfecto para los paseos con Genaro.

María Grazia y Rodrigo se ven mucho tiempo viviendo aquí, proyectándose, creciendo juntos. Piensan aprovechar todas las oportunidades que tiene el espacio para adaptar el depa de acuerdo con lo que se presente en el camino. Tienen claro que su meta para los próximos años es llenar la casa. Esta familia recién empieza a escribir su historia, en un hogar que ya sienten para toda la vida.

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